Escritos olvidados, o ignotos

 

El 17 de mayo de 2009, falleció Mario Benedetti en su Montevideo a los 88 años de edad, precisamente en estas fechas encontré una revista de 1997 (Paisajes), una de esas que te dan como pasajero del AVE, para entretener las horas del viaje en ferrocarril. En aquella revista había un curioso artículo del extinto Benedetti, titulado "El Mar". Como el escrito de Mario nos resultó interesante, creemos oportuno ponerlo en esta web para conocimiento y disfrute del público en general, para quienes posiblemente resultará completamente desconocido este artículo, debido al medio donde apareció y los doce años transcurridos.

   

EL MAR por Mario Benedetti

 
   

Fue en pleno 1992, cuando toda España yacía agobiada por la parafernalia del V Centenario. Precisamente ese año conocí Cádiz, que era una imperdonable omisión en mi conocimiento de España. Significo para mí todo un disfrute pasar esos pocos días en un lugar tan acogedor y con cierto sabor a América Latina. De las ciudades españolas que conozco, sólo en Santa Cruz de Tenerife tuve una impresión semejante. La parte vieja de Cádiz, por ejemplo, trae el inevitable recuerdo de La Habana; también la vegetación, casi tropical. Uno de sus parques era antiguamente un Jardín Botánico, y ahora, casi inmerso en el Centro, incluye árboles inmensos, centenarios.

Mi lectura de relatos estuvo organizada y patrocinada por la Asociación Bartolomé de las Casas. Leí allí varios cuentos breves, y tras la lectura tuvo lugar un curioso episodio que me asombró y conmovió.

Uno de los relatos que leí se titulaba "Un boliviano con salida al mar", y narra la historia (por supuesto, ficticia) de un indio de Oruto que, siendo muy niño, es llevado a la Capital por una acaudalada señora paceña, quien lo incorpora a su servicio doméstico. Tan bien se portó el chico que, años después, cuando ya tenía quince años, lo llevaron a Europa, no precisamente para que conociera el mara, sino para que continuara sirviendo a sus patrones. El muchacho, de paso, conoció el mar. Cuando regresaron, pidió permiso para ir a ver a su familia, y allá fue sobre todo para narrarles cómo era el mar. Sin embargo al cabo de tres intensas jornadas, durante las cuales los puso al día en cuanto a olas, mareas, farallones, trasatlánticos, gaviotas, marejadillas, diques flotantes, resacas, etc., llegó un momento en que se le acabó el temario y entonces calló. Desde el fondo, la voz del abuelo, implacable, se limitó a preguntar: "¿qué más?", y él comprendió en ese momento que para un indio boliviano la nostalgia del mar es insaciable. Entonces, sólo entonces, empezó a hablar de las sirenas.

Pues bien, cuando terminé la lectura y empezó en turno de preguntas y comentarios, la cuarta intervención estuvo a cargo de un muchacho, de rasgos aindiados que comenzó diciendo: "Soy boliviano". Recordé en ese instante que Bolivia era el único país latinoamericano que no conocía y pensé que tal vez me había equivocado en algo y que aquel boliviano se rebelaba contra mi desinformación, o simplemente contra mi historia inventada.

Pero el boliviano siguió diciendo que él hacía ya cinco años que estaba en Cádiz (había desembarcado en el aeropuerto de Barajas, Madrid, y desde allí había volado directamente a Andalucía) y que había sido en Cádiz donde conoció el mar. "Hace también cinco años -agregó- que le escribo semana tras semana a mi madre, contándole cómo es el mar". Fue algo tan sorpresivo que sólo puede darle mi enhorabuena: él por lo menos no había agotado el tema y en consecuencia no se veía obligado, como mi personaje, a recurrir a las sirenas. Su gesto fue de aquiescencia, como si en su fuero íntimo no descartara, para algún futuro, ese recurso extremo.

La gente guardó un silencio comprensivo. Creo que todos estábamos un poco conmovidos. La verdad es que, en mis muchas lecturas públicas de poemas o relatos, nunca me había ocurrido que un personaje de la realidad surgiera de pronto, desde el público para encaramarse en mi mundo de ficción.

 Cádiz, tacita de plata

 
 
 

Cádiz y el Atlántico

   

Llegada a Cádiz del Sebastián Elcano

 

Gracias a Paisajes por difundir cultura entre sus viajeros. Fotos Zafara  joselumayMMIX

 

 

 

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